Salir de la zona de confort

Como cada día el despertador suena puntualmente a las siete de la mañana. Un día más ella se levanta como si fuera un robot; baño, desayuno y coche con destino al trabajo. Ya sabe lo que se encontrará; cada día, cada semana, cada mes y cada año es lo mismo. La rutina y el aburrimiento de siempre la inhibe, ni la nómina le compensa. Le mantiene viva pensar en los fines de semana y el mes de vacaciones. Le gustaría trabajar en otro lugar, vivir de su pasión, con lo que le llena pero cada inspiración de cambio, le viene la voz de las creencias que desde pequeña le dijeron que lo que más debía valorar era el trabajo. Le gustaría cambiar, pero tiene miedo...

Él está en la terraza y observa el interior de su casa; su mujer cocina, sus hijos juegan. Siente que no es su lugar. No es que esté mal pero la relación está llena de una incomodidad insana y enfermiza. En su día juró aquello de 'hasta que la muerte os separe' y ahora se da cuenta que es una trampa, que en su día aquel 'sí' lo dijo con todo su amor pero que con el tiempo se ha ido desvaneciendo. El corazón le dice que se vaya y comience de nuevo pero la razón le habla de creencias que desde pequeño le dijeron que lo más importante era la familia. Le gustaría cambiar, pero tiene miedo...

Los cambios dan miedo, al menos a la mayoría de las personas.

No nos han enseñado, ni aprendido, a vivir los cambios con normalidad. Más bien al contrario. Nos han hablado siempre de tener un empleo seguro, formar una familia y tener hijos. Y una vez logrado el trabajo, familia e hijos nos tenemos que sentir sí o sí realizados y realizadas.

El cambio es bueno, permite salir de la zona de confort.

La zona de confort es lo que no estás dispuesto o dispuesta a renunciar aunque no estés a gusto. Es el lugar cómodo pero que esclaviza. Es conformarse con lo que hay y no responsabilizarse de lo que se puede mejorar.

Salir de la zona de confort es de valientes pero hay que salir si lo que quieres es ser fiel a ti mismo para mantener el equilibrio con lo que piensas, sientes y haces. Es dejar atrás el conformismo del sobrevivir y aceptar el Vivir con mayúsculas.

Uno de los motivos del miedo al cambio es debido al miedo a lo desconocido. Nos han enseñado a amar la seguridad y huir de la incertidumbre.

Es también el miedo a la pérdida. Cambiar, a menudo, se acompaña de dejar atrás lo que encontramos de positivo de la falsa estabilidad.

Es el miedo a las consecuencias de lo que puede pasar una vez hecho el cambio. Estamos más pendientes de las memorias del pasado y de las incertidumbres del futuro que nos olvidamos de vivir el presente, el único momento real que existe.

Y hay que añadir que a veces la vida te obliga a cambiar. Te presenta un tsunami en forma de despido, separación, enfermedad, accidente, coronavirus, por poner unos ejemplos, y toda la seguridad se va a pique. Nos quedamos desnudos, desprotegidos y desamparados sin saber cómo reaccionar con lo que está pasando.

La vida es cambio constante, nada perdura para siempre. Hay que aprender a amar la incertidumbre, romper creencias que estancan el desarrollo y felicidad, soltar lo que ya no conviene, aceptar lo que hay, vivir el presente si lo que quieres es abrir la puerta a la Vida con mayúsculas.

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Glòria Rabell
Terapeuta transpersonal
Instructora de meditación
Coach lúdico
Diseño web: Knüt

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