El arte de decidir

La situación es la siguiente...

'Ellos están casados. La vida es lineal, sin sobresaltos. Los hijos tienen edad universitaria. La hipoteca ya está pagada. Una parte de las vacaciones, como siempre, van a la segunda residencia donde, como siempre, encuentran los mismos matrimonios, hacen las mismas actividades y van a los mismos restaurantes. La otra parte de las vacaciones hacen el viaje 'obligado'. Hay que conocer mundo, se dicen. La monotonía hace tiempo que se ha instaurado en sus vidas.

Un día, ella conoce otro hombre, diez años más joven, cien años más vital, mil veces más simpático, más deportista, más guapo y más sexy.

Se enamoran. Ni lo pueden evitar. El amor se queda y no tiene intención de irse. Ella enloquece, y la locura trastoca la aburrida vida monótona. Se tira de cabezas, no tiene tiempo de pensarlo. De hecho, no hay lugar para el pensamiento. Las emociones, las sensaciones y los sentimientos florecen en cada segundo. La pasión, también.

Lo viven con una intensidad inhumana. Parece que estén hechos uno para el otro. No hay ninguna señal, ni el más mínimo que tambalee ningún instante la nueva y perfecta relación. 

Ella vive los instantes, momentos, días, semanas y meses en una nube de algodón cuando está con el deportista sexy y guapo. Al mismo tiempo vive en una prisión cuanto está junto a él, el marido de siempre, el que no hay ni un milímetro de nada, ni de pasión. No se puede comparar. Compaginar la nube con el encarcelamiento no lo lleva bien, es una tortura inhumana'.

La Vida a veces ofrece experiencias agridulces que nos tambalean y que todos quedan implicados. En este caso tanto ella, como el deportista, el marido y la familia tienen alguna lección para aprender. Si ella decide no vivir la oportunidad de ser feliz, está privando que el marido y la familia vivan una experiencia traumática pero, al mismo tiempo, tampoco permite que puedan vivir una oportunidad de crecimiento. ¿Y si el marido necesita una experiencia de abandono para su desarrollo personal?

La culpabilidad, el miedo de escoger mal, los posibles arrepentimientos aparecen cuando la decisión es desde la mente. Ante situaciones importantes en las que tenemos que decidir por un camino u otro, seguro que nos podemos equivocar si la decisión está hecha desde la parte mental. La mente está llena de recuerdos, memorias, dolores, educaciones, creencias y pensamientos que nos pueden hacer equivocar.

En cambio, desde la intuición -que es el lenguaje de la Esencia- nunca podremos arrepentirnos. La intuición nos muestra nuestra verdad. La elección siempre estará bien tomada.

La intuición es un impulso interno que siempre está pero que no siempre lo podemos o sabemos escuchar. Para potenciar la intuición hay que tranquilizar la parte mental. El curso de Evolución Consciente proporciona herramientas que junto con las prácticas meditativas ayudan a conseguirlo.


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Glòria Rabell
Terapeuta transpersonal
Instructora de meditación
Coach lúdico
Diseño web: Knüt

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