Coronavirus, crisis u oportunidad

Hace ya unas semanas que, de un modo u otro, el coronarias ya forma parte de nuestras vidas.

Desde estas cuatro líneas quiero expresar mi pésame a todas las personas que han perdido a un familiar o amigo en estas circunstancias traumáticas.

Es importante un buen final tanto para quien se va como para quien le toca vivir el duelo. Y en estos momentos una despedida como todos deseamos, se ha convertido en un lujo que no se puede pagar ni con dinero.

¡DEP y mucha luz tú que te has ido!

¡Un abrazo de apoyo a ti que te ha tocado vivir la muerte de un ser querido!

No me olvido de quienes en propia piel están viviendo las consecuencias del virulento bicho que se ha introducido dentro de sus cuerpos. Hay quienes tienen o han tenido los síntomas leves, como un resfriado o gripe más. Pero hay quienes, desafortunadamente, se encuentran solos dentro de una habitación de un hospital, sin la posibilidad de ningún calor familiar, ni tan siquiera, para poder cogerse de manos.

Y hay quienes su única compañía son los aparatos controladores de las funciones vitales dentro de las Uvis/Ucis de clínicas y hospitales.

Todo mi calor y apoyo a ti que en casa o en un hospital estás luchando por recuperarte. ¡Ánimo y Adelante!

Por supuesto los grandes protagonistas son cada una de las personas que se exponen, empezando por trabajadores de tiendas, supermercados, farmacias, taxistas, chóferes y un largo etc, y terminando por el personal sanitario que están en contacto directo con el enfermo. Las trabajadoras de la limpieza, celadores, auxiliares de enfermería, enfermeras y médicos hacen la tarea que les corresponde, exponiendo su salud para mejorar la salud de quienes en estos momentos se encuentran hospitalizados.

Cada día a las 8 de la tarde hay los 3-4-5 minutos de aplausos emocionantes que llegan al corazón. Sé que es poco pero es la manera que sabemos deciros 'Adelante, estamos contigo. Gracias por exponerte. Gracias por convertirte en un ángel y cuidar de quienes más lo necesitan. Y gracias por todo el esfuerzo que estás dedicando diariamente'.

 

 

Todo ha ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, sin darnos cuenta, llegó el mundialmente famoso virus a ser parte de nuestras vidas. Al principio con la sensación de si vivíamos una pesadilla o en qué película nos habíamos introducido. El confinamiento, el cuidado de salir a la calla con máscara y guantes, a mantener distancias entre las personas, a no poder abrazar, a hacer cola para entrar en tiendas y supermercados ya forma parte de la 'normalidad'.

El  confinamiento, unos lo viven como un castigo y otros como una oportunidad. Para mí es la gran oportunidad para parar, para replantearme cómo quiero vivir a partir de ahora, ¿qué puedo cambiar, modificar, transformar, eliminar, introducir en mi vida? Es una oportunidad para tener tiempo (el bien más apreciado de este siglo). Es una oportunidad para valorar lo que tengo y para dejar de lado las ridiculeces que tanto caracterizan al ser humano.

Recibimos información de todo tipo. Hay quienes hablan de un virus real, otros comentan de un virus confeccionado y manipulado por la mano humana y también existe la versión de que es las consecuencias del 5G. No puedo opinar de cuál puede ser el inicio del virulento bicho. Simplemente no tengo la suficiente información para defender ninguna postura. De hecho, ni tengo derecho.

Se ha convertido en el mono-tema de las noticias, con datos de muertos e infectados como si fuera una competición a nivel estatal y mundial. Se ha convertido en un juego político, como siempre, de críticas de unos hacia los otros en vez de, desde mi humilde opinión, ir todos juntos a favor de encarar la mejor manera posible la situación actual. En una ocasión me definieron que la política era el arte de servir al pueblo. Desde mis entrañas echo de menos el arte.

Cada wasap divertido, cantado, bailado, con mucho ingenio en el que el papel higiénico, los primeros días, se convirtió en uno de los protagonistas de esta película real de ciencia ficción es una dosis de inteligencia humana.

Noto que por fin hay más miradas hacia los demás que hacia uno mismo, la sensibilidad humana vuelve a aflorar. La naturaleza está brillando más que nunca, ha bajado los niveles de polución, las aguas estás más limpias y claras...

¿Hacía falta un virus moral para aprender?

¿Hacía falta una parada mundial para replantearnos lo que queremos y lo que no queremos en nuestras vidas?

¿Hacía falta estar rodeado de dolor para valorar los pequeños gestos que llenan el corazón?

 

 

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Glòria Rabell
Terapeuta transpersonal
Instructora de meditación
Coach lúdico
Diseño web: Knüt

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