'Erase una vez un extraterrestre que llegó al mundo de los humanos. Resultó ser un tipo muy observador y se dio cuenta de que en la Tierra se respiraba un ambiente iracundo y tóxico. Se vivía con conflictos, crispaciones, malestar, enfados...

Como también era un ser curioso quiso investigar cuál era la raíz de tanta cólera.

Se enteró de que las personas viven agrupadas en países y que éstos se diferencian entre sí según la manera de cómo enfocar la vida. Unos países tienen una visión capitalista y, sin embargo, el otro grupo tienen una tendencia socialista.

El extraterrestre empezó su investigación observando a un solo país. Escogió uno, al azar, de uno de los dos sistemas, también al azar.

Se dedicó a contemplar el funcionamiento de este país y se dio cuenta que entre sus habitantes también existían conflictos, había disputas y luchas entre ellos.

Decidió ir más a fondo. Escogió una de las regiones, también al azar, de este país. Y, de nuevo, se encontró con malentendidos y dificultades entre las personas de dicha región hasta tal punto de generar odio entre ellos.

Fue más allá y escogió un municipio dentro de una de las regiones. Encontró también indignaciones y peleas entre los pueblos.

Dentro del municipio, escogió de nuevo al azar, a uno de los pueblos. Una vez más, pudo observar que entre sus habitantes había diferencias abismales que daban lugar a enfrentamientos y discusiones violentas.

Decidió investigar el comportamiento de una familia escogida a dedo de este pueblo y entre sus miembros también habitaban desajustes y quebraderos de cabeza que daban lugar a irritaciones entre ellos.

El extraño ser, que era tremendamente tozudo, quiso llegar hasta el fondo y acotar aún más. Para ello escogió a una de las personas de esta familia. Lo eligió, como en otras ocasiones, al azar y ¡zas! se encontró que en el interior de esta persona estaba repleta de odio, rabia, conflictos, desajustes, crispaciones, enfados, malestar, disputas...'

Es aquí cuando la afirmación de Mahatma Gandhi toma fuerza:

Si quieres cambiar el mundo cámbiate a ti mismo.

¿Te imaginas que tú, yo y todos los que lean este artículo, hiciéramos algo para transformar la negatividad, frustración, toxicidad... y que de manera viral se fuera extendiendo como las fichas del dominó que unas hacen caer a las otras?

No son necesarios grandes cambios. De hecho los sutiles son los más poderosos. Si eres de los que considera que el mundo necesita un despertar, un cambio de consciencia, empieza por ti.

Una sonrisa al dirigirte a alguien desconocido o a tus vecinos, un saludo a quien te encuentres por la calle, un agradecimiento a todo lo que te ocurre o lo que ya tienes, desconectar de la televisión y redes sociales para conectar más contigo, con la familia y los amigos, priorizar lo importante para ti en vez de dejarte de lado, cuidarte, mimarte... Cualquier mínimo cambio es un gran cambio.

¡¡Sé el cambio que quieres ver en el mundo!!

Gracias. Gracias. Gracias.

 

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Glòria Rabell
Terapeuta transpersonal
Instructora de meditación
Coach lúdico
Diseño web: Knüt

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